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Raúl Alberto Amelong: el cristiano y la redención del tiempo

30 de octubre de 2026 5 min de lectura
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Por Germán Masserdotti para Religión en Libertad

Raúl Alberto Amelong

Agradezco al licenciado Carlos A. Robledo haberme invitado a la presentación de su libro Cuando el amor venció el odio. Raúl Alberto Amelong (Rosario, 2026). A continuación, ensayaré algunas ideas vinculadas a la vida ejemplar del biografiado.

La primera idea de fondo que me gustaría desarrollar es la siguiente: Raúl Alberto Amelong (1922-1975) fue un fiel servidor de Dios y de la Argentina, nuestra Patria, como laico dedicado a la consagración del mundo en Cristo.

Basado en el número 31 de Lumen gentium del Concilio Vaticano II, puede decirse lo siguiente:

  • 1° “A los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios”. 

Amelong comprometió su vida en la ordenación de la vida familiar y profesional de acuerdo a la doctrina cristiana que es tanto como decir haberle impreso a su existencia un carácter eminentemente religioso sin tenemos en cuenta, como enseña santo Tomás, que la virtud de la religión importa “orden a Dios” (S. Th. II-II q. 81, a. 1).

  • 2° “Viven en el siglo, es decir, en todos y cada uno de los deberes y ocupaciones del mundo, y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social, con las que su existencia está como entretejida”.

Amelong sabía que su felicidad, la consecución de la vida eterna, en su caso, pasaba por “estar en el mundo sin ser del mundo” (Juan 17, 15-16), según enseña el mismo Jesús en el Evangelio según san Juan. A partir de la lectura del libro puede apreciarse que este “entretejido” de su existencia con “la vida familiar y social” era lo obvio para Amelong, sin ningún tipo de complejos.

Por ejemplo, en algo que podría resultar trivial como el deporte, Amelong encontraba una ocasión para la propia santificación. A propósito, era un experto en equitación.

  • 3° “Allí están llamados por Dios, para que, desempeñando su propia profesión guiados por el espíritu evangélico, contribuyan a la santificación del mundo como desde dentro, a modo de fermento”. 

Amelong era ingeniero de profesión. Buena parte de su carrera laboral se vinculó con Acindar, una empresa argentina de la industria del acero cuya sede central se ubica en Villa Constitución. Allí fue donde Amelong mostró su calidad personal y cristiana, sobre todo, con los delegados sindicales y trabajadores que elegían el choque representado en las huelgas antes que el diálogo para resolver los habituales problemas de un moderno lugar de trabajo. 

Haber logrado un razonable acuerdo, sin agravar el carácter revolucionario funcional a grupos terroristas, fue lo que determinó su muerte, en previsión de la cual Raúl Amelong, anticipadamente, había perdonado a sus adversarios.

El 4 de junio de 1975, en la ciudad de Rosario (Santa Fe), fue asesinado por integrantes de Montoneros, una organización armada argentina que actuó, asociada a Cuba, entre fines de los 60 y fines de los 70 tanto contra gobiernos de facto como democráticos. 

Era patente el contraste entre la enseñanza cristiana expresada en una de las cartas de San Juan: “Dios es Amor” (1 Jn 4, 8) y el fomento del odio social.

  • 4° “Y así hagan manifiesto a Cristo ante los demás, primordialmente mediante el testimonio de su vida, por la irradiación de la fe, la esperanza y la caridad”. 

Es importante destacar uno de los subtítulos que consigna Carlos Robledo respecto de Amelong: la familia, su aventura fundacional. Él sabía de la responsabilidad esponsal y paterna que tenía y debía vivir de acuerdo al Evangelio. Formó, y se notaba, una familia cristiana que vivía las virtudes teologales y cardinales.

5° “Por tanto, de manera singular, a ellos corresponde iluminar y ordenar las realidades temporales a las que están estrechamente vinculados, de tal modo que sin cesar se realicen y progresen conforme a Cristo y sean para la gloria del Creador y del Redentor”. 

La vida de Amelong fue, precisamente, iluminadora de cuantos se cruzaron en su vida. Era un hombre de paz en tiempos de odio, era un hombre de palabras desarmantes, si cabe la expresión, en momentos de usos del lenguaje que incitaban a la discordia programada.

La segunda idea de fondo que me gustaría explicar es ésta: Raúl Alberto Amelong co-redimió el tiempo unido a Jesucristo, el Redentor.

¿Qué significa redimir? Nos enseña la teología católica que redimir es “salvar con la efusión de la (propia) sangre”. 

En este sentido, el único Redentor es Jesucristo. Pero nosotros los cristianos, sus discípulos, podemos y debemos asociarnos a su sacrificio redentor uniéndonos a su Pasión y Muerte y “completando” lo que le falta, según la misteriosa expresión del apóstol San Pablo (cf. Col 1, 24). 

En el caso de Amelong, además, derramó su sangre para dar testimonio de su fe en el Reinado Social de Cristo que es tanto como decir por su paz: Pax Christi in Regno Christi (Pío XI).

Amelong co-redimió el tiempo en tres grandes ámbitos del apostolado cristiano: la familia, el mundo profesional y la ciudad o vida política.

  • La familia. Me llamó la atención un diálogo que tuvo él con Maruca, su mujer. Ella le preguntó cuántos hijos quería tener y él le respondió “todos”. La respuesta es interesante porque muestra la generosidad del espíritu de Amelong. Dios sabe más que nosotros cuántos hijos quiere regalar a cada familia. En el deseo, es “todos”, en concreto, depende de múltiples factores, supuesta siempre la voluntad procreacional.
  • La profesión. Amelong fue un excelente ingeniero químico. De este hecho da cuenta el interés de sus empleadores para contarlo entre ellos. Da cuenta la formación complementaria que recibió luego de recibirse como ingeniero químico. Da cuenta el espíritu emprendedor que tuvo para salir adelante con una familia numerosa.
  • La vida política o la ciudad. Es importante, aquí, destacar el valor que, para Amelong, tenía la formación doctrinal en la actividad política. Robledo consigna, en el libro, cómo Amelong se interesó por contactar con La Ciudad Católica en Argentina y suscribirse a Verbo, la revista de este movimiento apostólico.

Usando la expresión de Emil Brunner, podría concluirse, entonces, que, unido a Cristo el único Redentor, Raúl A. Amelong redimió el tiempo inserto en el tiempo. Que es tanto como decir que fue un cristiano cabal según el sentir del Corazón de Cristo.

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admin

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